tomas@tomasnavarro.net

PIENSA BONITO

Necesitamos más que nunca pensar bien y pensar mejor. Conozco a personas muy inteligentes que no pueden sobreponerse a la adversidad. Conozco a personas con una clarividencia fuera de serie que viven una vida que no les gusta. Conozco a personas con un gran sentido común que no pueden disfrutar de nada. Conozco a personas exitosas, con bienestar económico y social, que no disfrutan de la vida. Conozco a personas muy bien preparadas, que tienen todo lo que cualquiera podría desear, pero que son incapaces de vivir una buena vida. Conozco a personas con muchos recursos a los que no les sacan partido. Todas estas personas tienen algo en común: no saben pensar bien, no han aprendido que en sus pensamientos se encierra la clave para poder disfrutar de una vida mejor, más plena y realizada.
Hay diferentes tipos de pensamiento. Podemos ser más o menos creativos, que se nos den mejor las matemáticas o las lenguas, pero yo te propongo un nuevo tipo de pensamiento para vivir un nuevo tipo de vida: el pensamiento bonito.
Pensar bonito no solo supone pensar mejor. Pensar bonito es el mejor aliado que tienes para poder vivir la vida que deseas según tus deseos y prioridades. Pensar bonito es un pensamiento mucho más abierto, creativo y receptivo. Un pensamiento que te permite ver oportunidades donde otras personas no pueden verlas.


Pensar bonito es pensar de manera resiliente para gestionar la adversidad sin sufrir más de lo necesario, minimizando el impacto del dolor y de sus secuelas. Pensar bonito es encontrar algo que celebrar entre tanta desgracia y dar lo mejor de ti para seguir tirando del carro y ayudar a los tuyos en los momentos más difíciles.
Pensar bonito es poner a tu servicio, de manera creativa, todos tus recursos para enfocar tu vida hacia tus propios objetivos según tus prioridades.
Tengo una buena noticia que darte: pensar bonito es mucho más que una actitud vital, es una manera de pensar que se puede aprender y ejercitar.
En este libro he identificado los ocho errores de pensamiento más comunes, así como un centenar de sesgos de pensamiento más concretos y específicos. Todos ellos nos impiden, de un modo u otro, pensar adecuadamente en nuestro día a día, y sin darnos cuenta limitan nuestras opciones de vivir una vida más feliz.